Menorca

¿Habeis estado en Menorca? Es una isla maravillosa y sobre todo muy versátil con muchos contrastes y muy virgen. El ambiente que se respira es el de tranquilidad, relax y libertad; libertad en todos los sentidos. Mezcla de culturas, de idiomas, de colores de piel, de creencias, de vergüenzas…
Yo fui a Menorca con dos amigas, Ana y Teresa. Ana es una chica morena de piel y pelo, con unos ojos mezcla de verde y marrón con un aura negra que enmarcaba ese delicioso iris redondo. Tenía una boca de labios finos pero amplia, lo que hacía muy veraz su sonrisa y daba a su carita un aspecto de global felicidad. No obstante, sus labios, siempre rojos, resaltaban y hacían que cada vez que la mirara me recordara a una muñeca de juguete.
Teresa, sin embargo, tenía un aspecto más feroz. Era una “niña mala”, con piercings, y el pelo recortado como al tún tún, pero que le caía estratégicamente sobre la frente y las orejas pareciendo un dibujo manga japonés. Su boca también era amplia, pero jugosa, con labios rosas carnosos que al hablar se movían tanto que me hipnotizaban y no me dejaban escuchar su conversación.
Nos alojamos en una casita de dos habitaciones que daba a una urbanización con una piscinita en la que los niños ingleses e italianos se pasaban el día chillando y salpicando. Nuestro plan no era el de disfrutar del alojamiento, así es que nos planeamos la semana dividiendo las calas por días: lunes y martes al sur, el miércoles iríamos a Ciutadella, el jueves exploraríamos las calas del norte…
Pero hoy hemos llegado por la tarde a la isla y hemos decidido bajar a la calita que está a un kilómetro del apartamento, para tomar un primer contacto con el sol y los vendedores de fruta ambulantes. Es una cala pequeña, de unos veinte metros pero no hay mucha gente, solo los que se alojan cerca. Está más baja que el nivel de la carretera que pasa cerca por lo que hay que bajar por una pequeña escalera. Un chiringuito de playa la vigila desde uno de los extremos de la bahía, con su olor a fritanga y sus luces de tungsteno que contrastan con los tubos fluorescentes de la cocina. Se está poniendo el sol y la gente se marcha y nosotros, con ganas de comernos cada minuto de nuestras tan merecidas vacaciones nos acercamos al chiringuito y, sin deshacer las maletas, nos sentamos para cenar escuchando el rumor de las olas y la música de Cadena Dial de fondo y respirando la brisa húmeda del mar.
Ensalada, sardinas, queso de la tierra y vino, mucho vino. El caso es que a lo mejor era el cansancio del viaje, o la desinhibición de la isla, o simplemente el volver a encontrarnos los tres nos hizo tomarnos esa cena como una verdadera bienvenida: risas, bromas, más vino,…
Al terminar nos acercamos a la playa, ahora desierta, iluminada ampliamente con la luna casi llena que la impregnaba de un halo azul de misterio. Estábamos solos y cogimos una tumbona cada uno. Solo se oía a lo lejos la música machacona del chiringuito y el ruido de las sillas y las mesas que estaban ya recogiendo. Seguimos hablando y admirando el resplandor de la arena blanca de Menorca con la luna e intentando vislumbrar alguna estrella fugaz que, por supuesto no vimos, bien por la luz o nuestro estado. Yo me encontraba bien y lleno de vida y los 25 grados de la noche no ayudaban a calmarme así es que les dije en voz alta: “Me voy a bañar”. “Estas loco?”, “Ni de coña”, “no hay huevos”,… son muchas de las frases que escuché mientras que descalzaba, y me quitaba la camiseta. Me quedé un momento pensativo y me quité los pantalones para dirigirme en calzoncillos al agua. Estaba tibia, no impresionaba la temperatura pero sí la transparencia con la que era capaz de ver cualquier granito de arena del fondo. Una vez dentro, las llamé y les dije que vinieran, que el agua estaba buenísima!!! No se animaban y yo seguía nadando. Y era tal la sensación de bienestar que me quité los calzoncillos para disfrutar del frescor del agua en todo su esplendor. No hay nada mejor en esta vida que bañarse desnudo sintiendo que agua recorre pliegues que no están acostumbrados. Fue entonces cuando vi que Ana se levantaba de la tumbona y también se descalzaba y a lo lejos pude apreciar como se quitó su camiseta y sin pantalones se acercaba al agua. Teresa hizo lo mismo pero también se quitó el sujetador, mostrando su exhuberancia que llevaba retenida en esa camiseta granate.
Tardaron un poco más en meterse, porque ya se sabe que las niñas son más ñoñas y mientras tanto yo decidiendo si volvía a vestirme o sentaba un precedente en nuestra relación de esta semana de vacaciones. Les dije que estaba desnudo y ellas se rieron y comenzaron a perseguirme como para avergonzarme o con ganas de fastidiar. Pero corrí poco y les dije, ¿queréis? Pues aquí me tenéis!!! Entonces fueron ellas las que se cortaron. No obstante, tenia a dos mujeres estupendas en ropa muy pequeña iluminando sus cuerpos que ahora estaban llenos de agua de mar. No pude evitar sentir como mi polla empezaba a ponerse dura. Yo intentaba pensar en otra cosa, y nadar para evitar que el flujo de sangre circulara pero era inútil. Ellas, con gran juerga me notaron extraño e intentaron acercarse pero yo huía. Les dije, “mirad, mejor os vais saliendo que yo tengo que reposar aquí un rato…” Y fue cuando Teresa se acercó más: “¿que pasa? ¿Necesitas ayuda?”. Lo dijo cerrando los ojos de manera que supe que se iba a acercar a no ser que la parara. “No, si solo es un ratito”. Ana, se dio cuenta y le “entró frío” de repente así es que se salió del agua para secarse en la orilla. Mientras Teresa seguía acercándose y yo echándome para atrás hasta que saltó para hundirme (y lo consiguió). Yo sentía sus tetas muy cerca de mi cuerpo e intentaba desviar la atención pero ella seguía con el juego así es que decidí contraatacar. Empalmado como estaba la amenacé con hacerle cosquillas y salté para agarrarla por la cintura y hundirla también y ella corrió. Hacíamos mucho ruido mientras Ana nos miraba desde la orilla. En el primer salto a agarré por la cintura y la tumbé. Al salir del agua seguí persiguiéndola pero esta vez la agarré por las bragas que aún llevaba puestas. Puso cara de indignada pero siguió corriendo y esta vez, al saltar sobre ella la agarré de la cintura pero mi polla se chocó estrepitosamente contra su muslo.
Ella ya sabía por esos momentos mi estado y no hacía más que provocarme. Empezamos a jugar a que “te toco”, echando la mano a la entrepierna del otro. Una vez ella pellizcó mi ingle pero restregando todo su brazo por mi polla. Yo toqué su vello que sobresalía por el borde superior de las bragas. Ana seguía fuera, observando, cuando en una de estas ella echó mano de mi polla y la agarró firmemente con la palma de mano hacía abajo. Enseguida nuestras miradas se cruzaron para estudiar el lenguaje de la aceptación o rechazo de este juego tan peligroso. Entonces le pregunté “¿y Ana?”, “Tranquilo, ya te la tirarás mañana…” Entonces fue cuando nos acercamos y nos fundimos en un beso en la boca que iba a ser el preludio de otra penetración. De rodillas como estábamos en el suelo de la playa mi reacción inmediata fue echar mano de sus bragas, tocando por encima de ellas su duro pubis y sintiendo el almohadillado interior de su pelo recortado en forma de bikini. Ella, al sentir mi mano aumentó su respiración haciendo que el aire que salía enfriara mi cara y al mismo tiempo se intensificara el beso haciendo que la lengua explorara esa boca todavía desconocida para el otro y que los dientes intentaran apresar los labios para dominarlos e imponer su voluntad rabiosa en aquellos momentos. Yo seguía frotando sus bragas para estudiar su reacción cuando en un movimiento furtivo metí la mano por encima de ellas confirmando el taco del pelo recortado para el bikini. Mi dedo experto se deslizó por su raja tocando primero el clítoris y deteniendose en la entrada de la vagina. A pesar el mar noté sus fluidos cálidos y viscosos dándome la bienvenida y preparandome la entrada. Cosa que no hice porque estaba disfrutando del beso intenso y desgarrado que nos dábamos. Sentí la presencia del piercing en su labio y no me molestó por lo que seguí intentando morderle la boca y sentir sus labios carnosos bajo el poder de mis desgarradores dientes. Ella mientras tanto intentaba hacer lo mismo y lamía mi boca y con la mano hacia abajo masajeaba mi polla dura chocándola de ven en cuando contra su pierna por accidente. Yo seguía con el juego de no entrar pero repasando cada pliegue de su vulva en movimientos ascendentes y descendentes, como queriendo repartir todo su jugo por ella misma. Cada vez me pasaba más tiempo en su clítoris, primero con movimientos fugaces que la hacían dar un respingo pero aumentando esa intensidad a medida que notaba que me aceptaba. Ella acercaba cada vez mas su cadera hacia mí hasta sentarse en mi pierna lo que hacía muy difícil mi trabajo tan delicado.
Fue entonces cuando me dio la señal, echando su cabeza hacia atrás y cortando el beso de raíz. Me encontré con sus tetas grandes más próximas a mi cara. Tenía el pezón amplio, con la aureola abultada y el pezón sobresaliendo y mirándome exigente. Directamente lamí de abajo a arriba su pezón absorbiendo toda el agua salada que nos envolvía. A los tres chupetones comencé a succionar su pezón notando su placer en la mano que seguía recorriendo su coño. El pezón se puso duro recibiéndome por lo que al cabo de un poquito, cuando se acostumbró a mi lactancia adulta, comencé a mordisquearlo suavemente; después del episodio salvaje de beso en el que prácticamente nos devoramos, no podía reprimir mi ansia caníbal con ese cuerpo. Ella seguía respondiendo bien a la terapia, y cada vez apretaba más su duro pubis contra mi pierna. Aproveché el momento para sacar la mano de sus bragas y poder coger así sus tetas en toda su redondez. Masajeaba mientras seguía succionando y mordiendo de sus pezones y ella se apretaba contra mí. Yo alternaba sus tetas y cuando una se quedaba huerfana de lengua, había otra mano que la consolaba… Tanto se arrimaba a mí que perdimos el equilibrio y nos hundimos en el agua saliendo casi sin respiración, más por la emoción que por el incidente.
La cogí de la mano y le dije “ven” arrastrándola hacía el fondo de la bahía. Ella extrañada me siguió no obstante. Mientras la arrastraba miraba su cuerpo y su cara a la luz de la luna, reflejando su ansiedad y su sonrisa desconcertada. Éramos ajenos a los últimos ruidos del chiringuito de al lado, y a la mirada de Ana que nos observaba desde la orilla y que, por supuesto, ya sabía de que iba el tema. Me paré con el agua por el ombligo y entonces la cogí por la cintura y la levanté sobre mi pelvis. Se aferró con sus piernas a mi cintura mientras con las manos me agarraba la cabeza para volvernos a fundir en un beso premonitorio. Bajé las manos y retiré sus bragas de la entrada y comencé a meter mi polla. Sentí el contraste del fresco del agua con su interior tan húmedo como el exterior que nos rodeaba y en breves movimientos tenía toda mi polla entera y dura dentro de ella, y a ella gimiendo hasta que su vagina se acostumbró a mi dilatado tamaño. El beso paró de repente para centrarse en la sensación de ser invadida, resoplando en mi cara. Comenzamos a movernos. Follar en el agua es muy cómodo porque puedes permitirte el lujo de posturas que en superficie no disfrutas. El ritmo empezó fuerte pero intenté calmarlo para evitar correrme tan pronto, dando un ritmo de galope de caballo, moviendo mi cadera arriba y abajo mientras ella se sostenía en mi cintura. No podíamos estar más cerca y mi cadera frotaba su clítoris y su vulva al tiempo que mi verga la invadía hasta lo más profundo de sus entrañas. Ella estaba extasiada cuando de repente paré. Se asustó pero le dije que se tumbara… Ella echó el cuerpo hacía atrás y se quedó flotando en el agua. Su pelo cortito se balanceaba al ritmo de las olas y yo seguía follandola pero esta vez con mi polla presionando hacia arriba como queriendo abrirse paso. Ella sentía más porque yo la rozaba más y comenzaba a gritar un poco más fuerte…Me encantaba esa visión de su cuerpo entregado a mí, con las distorsiones del agua, y como en blanco y negro. Solo percibía sus pezones ennegrecidos y el pelo de su coño resaltar sobre su piel y el reflejo de la luna.
Yo estaba excitadísimo de poder follar en aquella postura y verla a ella disfrutar por lo que no pude aguantar mucho tiempo… Paré resoplando y ella se incorporó. Enseguida se dio cuenta de lo que pasaba e intentó echar mano de mi polla, pero se lo impedí con la mirada diciendo “se acaba la diversión”. Así que fui yo el que empezó a trabajarla a ella. Volviendo otra vez sobre sus tetas y mi manos directamente a su entrepierna. Ya no tuve que retirar nada porque sus bragas habían quedado apartadas y entonces me gustó acariciar sus labios mayores suaves, recién preparados para el verano. Empecé a frotar su clítoris al tiempo que le comía las tetas y ella frotaba mi cabeza y la presionaba contra sí. El clítoris ya estaba grande y duro y yo seguía jugando con mis dedos con él cuando en un acto de malabarismo conseguí meter mi otra mano en su coño frotando los pliegues iniciales como queriendo levantarla con un solo dedo. La respuesta fue mágica y después de un río de flujo caliente sentí las contracciones de su chocho contra mi dedo y sus espasmos en sus caderas retirándose de mis manos pero afrentándose fuerte contra mi pierna. “Me he corrido” me dijo con un hilito de voz más propio de una niña recién despertada. “Lo se” dije mientras la besaba tiernamente en la boca hasta que se recuperara… Era impresionante ver a esa mujer salvaje con aspecto de manga japonés totalmente desarmada y entregada.
Pero no duró mucho tiempo porque enseguida echó mano de mi polla y empezó a moverla como loca, mirándome a los ojos con deseo como retada por si conseguía hacer que me corriera. A mi me gustaba la sensación de esta niña totalmente centrada en mi rabo, esforzándose y dando lo mejor de sí misma para conseguir sentir mis estertores y eso me excitaba. Sin embargo, el agua no es el mejor sitio para las pajas y después de disfrutar de unos momentos mas de egoísmo le dije que no lo iba a conseguir. Sin decir nada, la puse de espaldas a mi y la levanté hasta mi cadera. No pesaba nada y la sostenía por la cintura. Le metí la polla por detrás. Su coño ahora estaba más cerradito y tuve que abrirme paso a base de breves empujones impacientes hasta que por fin su culo se posó sobre mi cuerpo y mi polla la rellenó completamente. Entonces fui yo quien se movía y disfrutaba de su espalda tersa y arqueada que cada vez me excitaba más. No quería terminar el juego pero la intensidad había subido de forma inimaginable y noté como las venas se dilataban y las dureza se convertía en un fenómeno de rigidez extraordinario. Me aparté y entonces ella fue la que con su mano moviéndola primero rápido y luego lenta pero enérgicamente, desplegando toda la magnitud de mi glande ardiendo en el frescor del agua salina, supo extraer hasta la última gota de leche de mi falo que se derramaba dentro del agua. Nos quedamos mirándola como flotaba como si se tratara de una lámpara de lava de esas de los años 70. Y nos reímos gastando bromas sobre el posible embarazo de una sardina o cualquier otro pez-chica que pasara descuidada por allí.
Sentí un poco de vergüenza al salir porque Ana seguía observandonos, y con una sonrisa socarrona me dijo “¿ya puedes salir? ¿ya te han echado una mano?”…
Leer más...